Ganadoras de “Un final para un cuento”

El almohadón

La actividad “Un final para un cuento”, realizada con los alumnos de tercer curso de ESO ya tiene final y ganadoras.

Se trataba de escribir un final para el cuento “El almohadón de plumas” de Horacio Quiroga.

Gracias por vuestra participación y enhorabuena.

 

CLARA CAPELLÁN BARQUÍN (3º A)

INÉS VALDUEZA NICOLÁS (3º B)

 

Sus propuestas han sido estas:

Allí quedó inmovilizada, como si por unión de pegamento se tratara, lo que causaba su unión a la cama, posiblemente por temor. De su boca abierta no salió sonido alguno, ¿quizás temor? No se sentía segura, por lo que decidió tomar su almohada de plumas que tanto la había acompañado durante sus noches de alucinaciones llenas de sufrimiento. Este constaba de un poder inexplicable, pero la lógica no importaba mientras habláramos de términos de fe y creer, pues “creer es poder” (la frase más repetida por Alicia). Aún así, esta vez el mágico almohadón no tuvo efecto, y el temor y el miedo arrinconaban notablemente la tranquilidad y serenidad de Alicia, dos de sus cualidades más características. Intentó, como resultado de su incierta vista desde su cómoda cama, levantarse. Solo había notado un par de corrientes frías y una puerta chirriar, como si se hubieran abierto, y una sombrar irregular y desconocida. ¿De qué se trataba? Muy débil, decidió averiguarlo por sí misma, sin necesidad de llamar a su marido, pues no quería molestarle. Sin embargo, se giró sobre sí misma, mirando al lado de la cama que le pertenecía a él, pero él no estaba allí. “Quizás haya ido a por un vado de leche” pensó. “Últimamente no concilia bien el sueño”. Ella, sin preocuparse más, siguió adelante con su propósito. Sin saber realmente de qué manera, notó cómo el sudor que caía por su frente era más denso. Pronto pasó su mano sobre las cejas y notó un líquido de un color más oscuro, rojo parecía. Entonces se dio cuenta de que era sangre… ¡sangre! Asustada fue a la cama de nuevo con el objetivo de dormir y olvidar aquello y su temor no la hizo capaz de apreciar los tremendos ojos rojos que la acechaban desde el punto más oscuro de su habitación.

Al día siguiente, no tenía suficientes fuerzas como para abrir los ojos. Había sentido que ya era su hora. Jordán la encontró en su cama abrazada al almohadón de plumas.

CLARA CAPELLÁN BARQUÍN (3ºA)

 

El grito fue ensordecedor y retumbó en cada pared del frío palacete. Los sirvientes, que dormían plácidamente, se despertaron en un escalofrío y corrieron junto a la dama. Jordán ya estaba allí, de pie, paralizado y con la misma expresión que le había caracterizado siempre, sin inmutarse. La imagen era insoportable. Alicia, que en su día había sido una hermosa mujer, se movía de un lado a otro, pálida como la nieve y tan delgada que parecía imposible que su cuerpo pudiese sostenerse en pie. Gritaba, lloraba, sollozaba y decía cosas sin sentido. Sus movimientos no parecían suyos, parecía que hubiese perdido el control de sus extremidades y alguien, o algo, ejerciese su voluntad sobre ella, mientras, inútilmente, la chica se retorcía. Su marido no reaccionaba, los sirvientes se habían ido, aterrorizados algunos y otros a pedir ayuda. María, la vieja ama de llaves, gritó unas palabras casi ininteligibles pero que hicieron reaccionar a Jordán.

─ ¡El diablo!

Entonces los acontecimientos se desencadenaron tan rápidamente que nadie supo qué había pasado. Lo que un día había sido Alicia, saltó enloquecida sobre su marido. Tras un largo forcejeo, Jordán ahogó a su mujer con un almohadón de plumas. Su cuerpo yacía inmóvil en el suelo. Por primera vez, el hombre parecía sentir algo parecido al dolor y la tristeza, pero en seguida se recompuso y marchó de la habitación.

A la semana siguiente la casa en la que vivían fue cerrada a cal y canto. De Jordán no se volvió a saber más. El palacio abandonado se fue deteriorando mientras esperaba a tener nuevo dueño. En el pueblo nadie se atrevía a entrar, todos hablaban de una maldición secreta y de que el fantasma que había poseído a Alicia seguía vagando por los alrededores.

INÉS VALDUEZA NICOLÁS (3ºB)

horacio quirogaHORACIO SILVESTRE QUIROGA FORTEZA

(Uruguay,  1878Argentina,  1937) fue un cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo. Fue el maestro del cuento latinoamericano, de prosa vívida, naturalista y modernista. [] Sus relatos, que a menudo retratan a la naturaleza bajo rasgos temibles y horrorosos, y como enemiga del ser humano, le valieron ser comparado con el estadounidense Edgar Allan Poe.

Si quieres ampliar información sobre su biografía entra en:

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/q/quiroga_horacio.htm

Y en este enlace, encontrarás el cuento:

El almohadón de plumas PDF

Además, este cuento ha inspirado otras dos obras artísticas:

a) Un cómic, adaptado e ilustrado por Julio Cesar Soto

Nueva imagen (1)

cómic El almohadón de plumas

b) Un corto:

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s